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CARNE DE TIERRA HECHA JIRONES ( miguel ángel lizaranzu lucena)

28-02-2013

 

 

 

por miguel ángel lizaranzu lucena

 

 

CARNE DE TIERRA HECHA JIRONES

 

 

 

 

 

El poéta raro

 

con toda la gorda carne sobre el asador y el alma raquítica en el agua hirviendo.

 

 

 

 

 

la vieja banda sonora del eclipse, llenó de impropedios el mejor movimiento de

la sinfonía.

Imagináme peleando en la vorágine de su centro,

tratando de ocultar mi condición de humanista cochambroso.

Criado en barrios obreros, a golpes de cervezas y de vino peleón,

Federico Nietzsche y Mortadelo y Filemón,

Ingmar Bergman y Mariano Ozores,

Gustav Malher y los Hombres G,

Azpilicueta de reserva y Don Simón…

es esta una declaración de principios que ni se avergüenza ni se miente,

intenta llevarse (como mejor puede) en la medida de lo imposible.

Vestido como un vagabundo, pellizcado en las muñecas y el cuello con Don Algodón,

es la costra azul, el paraíso del vértigo, la foto que nunca nos hicimos juntos,

aquello que vivimos y creímos imaginar.

Por las noches y los medios días recuerdo de donde vengo,

nunca dónde estoy ni porqué me hallo allí, será porque allí me quiero hallar…

 

 

 

 

 

 

Vivir la prisa que vivimos en el espacio que dejamos, es morirte de la risa en un funeral de ahorcados.

 

 

 

 

Este talento natural para cuidar de las plantas,

este continuo salvarme de vegetales,

me da prioridad absoluta como cortador de césped.

Arranco las malas hierbas y orino sobre sus huecos,

soy el podador perfecto, un hijo del huerto,

un mecánico en el jardín botánico.

 

 

 

 

 

dar consejos y poner ejemplos te convierte en un tipo de idiota especial…

 

 

 

 

 

 

jinete celestial

qué bonito hacer homenajes o sencillamente plagiar.

Tengo un problema de base con los creadores,

con los artistas, con los soplones:

todos se empeñan en tocarme los cojones.

Desde la sensibilidad hacia el trueque,

el porvenir de las calaveras.

 

 

 

 

 

 

me fuí a pescar ranas y terminé chupando sapos.

 

 

 

 

 

 

 

 

a ciertas horas, las cocinas de este interior de pisos,

comienzan a preparar sus guisos…

todos los posibles aromas se confunden

en un imaginario bazar árabe sin ventilación.

Y el olor convive sin disputas apoderándose

de cada rincón que se precie y se quiera dejar hacer…

hay más civilización en las especias con el agua hirviendo,

que en todos los corazones del mundo latiendo.

 

 

 

 

 

 

No soy agnóstico, soy ateo radical, aunque el dios que llevo dentro se quede sin cenar.

 

 

 

 

 

la poesía resulta un dibujo animado por demasiados artistas

que no saben dibujar.

Vienen, rezan, escupen el chiste y esperan su aplauso.

Necesitan reconocimiento y palmaditas en la espalda y muchos

indeseables lo obtienen, pero eso no quiere decir que hagan su trabajo bien.

La poesía es pasión y asco por uno mismo, redención,

soledad en el bullicio de la multitud.

Que te abriguen o te aplaudan o te compren nada tiene que ver con esto.

El artista y su ego suelen ser basura pre-nupcial al amparo

de más chistes sin gracia, trucos a los que se les ve el plumero,

conejos y palomas derramándose a lo largo y ancho de la manga del sombrero.

El arte se atavía de prostituta en más ocasiones de las precisas.

El arte como salvación suele ser una mala digestión en la que

las tripas y el esfinter se juegan el papel del galán;

el público son ojos, el arte existe por su cuenta y riesgo, sin miradas,

sin críticas, sin dinero,

el arte existe por si mismo sin necesidad de interpretación.

 

 

 

 

 

 

 

Si la farándula se queda sin bufón, vendrá el trovador a hacerte nuevas gracias.

 

 

 

 

 

¿puede hacerse una sola noche de justicia infinita?

Sostenido por legrados, sílabas que lo cambién todo,

trabajando a mi ritmo;

pensando en vosotros, y si no quiero, también.

Tirado en un coche como una triste putita drogada,

dejando que abusaran de mi.

Ah… mi pelo largo, no me ha dejado ver

la mayor parte de las cosas que viví,

es triste recordar una vida a medias…

copa tras copa, cigarro tras cigarro,

ser un cobarde se me ha dado bastante bien…

respecto a la parte de la función que más se descubre,

debería haber alguien mirando,

¡alguién que vigilase que ninguno más cayera en este vacío!

Pero yo no soy el guardián entre el centeno,

lo mío es mortal y perecedero, sería bonito, sí,

alguien que velara por nuestro aliento y que no pidiera al cambio

ningún otro alimento.

 

 

 

 

 

 

 

Abusar del exceso da prioridad al aburrimiento, algo que despierta muy a largo plazo.

 

 

 

 

La lluvia de acuarelas que arrastra la corriente de mi pelo recién lavado,

forma una extraña cortina de vaho que supura desde el suelo hacia el cielo.

Los ángeles que me fueron asignados, hace tiempo que se cansaron de velar por mi salud,

ahora bostezan mientras juego a descomponerme.

Son las tres menos veinticinco y no queda nadie en el cielo,

los últimos aviones se marcharon a comer…

las nubes han dejado de llorar por un rato, hasta la hora de la siesta,

y aquí me hallo, observando oscuridad y despeje, respirando oxígeno y dióxido de carbono,

la tarde promete ser estupenda…

mi gordito-chipirón bosteza su resfriado, pronto caerá dormido, su madre lo mece como

solo las madres parecen saber hacerlo…

Esta va a ser sin duda una tarde estupenda de invierno.

 

 

 

 

 

 

 

lo mejor de no ser viejo para siempre es que tampoco se es joven nunca.

 

 

 

 

 

 

 

 

vivir en el calendario roto,

despistado y socarrón.

De cenizas y repuestos,

el hombre que nunca llegó a la luna

mendiga monedas por la Alameda.

“Es para vicios, no es para comer”, dice.

Su sinceridad abruma a los viandantes,

hasta los más tacaños sucumben a su tristeza

y le dejan parte de sus miserias en la palma de la mano.

“¿Cómo se veía todo desde allá arriba?”, le preguntan,

“¿cómo lo voy a saber yo?”, contesta él,

“si yo era el astronauta más mentiroso de la NASA…”

por las noches bebe vino peleón,

y si se le da bien el día, fuma porros y flota en la gravedad

que tanto le ponía los pies en el suelo.

El astronauta viaja cuando duerme,

es su único consuelo, aunque los mentirosos no suelen tenerlo.

 

 

 

 

 

 

Los colores cambian a lo largo del día, cambian y caen, aburridos y empeñados en no ser siempre lo mismo.

 

 

 

 

 

 

 

GAZNÁPIRO EN CRISIS DE MUNDOS INFINITOS.

 

Bien, soy un ojo quemado por la ausencia, el líquido amarillento que sale del cadáver de un perro atropellado en la cuneta. Traigo metáforas y ripios a granel, no soy del todo malo, ni todo lo bueno que pudiera llegar a ser. Suena un teléfono invisible al que nadie atiende, imagino las cosas que me tiene que decir; es mucho mejor imaginar que oir… atender requiere una concentración de la cual no dispongo, exige admitir hiatos y diptiongos, regalar tiempo a paisajes imposibles de violencia.

Los señores del atrezzo no paran de disfrazar al escenario, cambian su atuendo cada dos por tres,

a ver si entre despistes, suprimen el estrés. Juegan al teatro de noche, cuando los actores están más cansados, o más borrachos, o más drogados, recitando sus textos con premeditación y alevosía, y casi nadie se cree ya su papel, papeles manchados de gotelé. En la calle siguen los chismorreos, la gente a punto de la combustión espontánea, rajan sin parar, dándose una penúltima oportunidad; no estaban preparados para esto, andan despistados, tropezando con las esquínas, no dan crédito; ni sus bancos ni sus almas; se preguntan por dónde andará la mentira que quisieron tragarse hace tanto tiempo, ¿porqué los ha abandonado junto a la calidad de vida que tanto ansiaron?… justo ahora que se sentían seres especialmente importantes y humanos…

hoy la nación, se viste de vagabundos y de deshauciados, un país de pobres-pobres y de ricos-ricos, como está mandado, ahí tenéis al jodido sueño americano, jugando a base de bien con vuestro pequeño ano, a ver quién llega primero a la próstata.

Yo no tengo miedo más que de perderme, y como ya estoy perdido, sufro menos que vosotros,

aficionados gaznápiros en esta crisis de mundos infinitos.

Por otro lado, la vida es bella, enero va pasando suavemente y me importan tres cojones los problemas de vosotros, oh, la gente…

“Tenemos lo que nos merecemos”; no se hasta que punto estoy de acuerdo con ese topicazo.

Por experiencia propia no puedo aplicar mis vivencias al resto, pero si que hay parte de verdad en todo este cuento; el egoísmo no es un privilegio de las clases pudentes, conozco a más miserables de a pie, que a gentes que viven en yates. Seres envidiosos y rastreros, esclavos con aspiración a verdugos que venderían a su madre por palpar la ínfima parte de sus sueños, y os aseguro que sus sueños son penosos; yo soñaba con semejantes idioteces a los 14 años; nos han educado así, en la competitividad, en tenerlo todo ahora y en tenerlo todo ya!

He trabajado con comerciales a los que me da asco solo pensar; ambición, destreza y desequilibrio,

comerse la tarta, reventar en el intento, y si es necesario, pudrirse en su propio infierno.

Bien, soy una costilla sudada, abandonada a su suerte, pero ¡qué suerte la mía! No creerme nada me ha barnizado de prudencia, con toda la locura que arrastro pegada al culo, con toda mi insensatez,

primero me he puesto del derecho y luego me puse del revés; y aquí estoy capeando al temporal, con una sonrisa tonta grapada a los labios que es imposible de borrar; no se trata de venganza, es sencillamente el placer de saberme vivo y contemplar dicho momento, participar del cambio, de la  charada genética que me invierte: transexual o indigente, tengo espacio para todos los que se mienten, ¡soy un actor, por dios! Y no del método precisamente…

De perdido, al río de la incongruencia, floto sobre animales rotos que no se van a remendar,

no me considero más listo o más tonto, solo mejor trovador, Miguel y Ángel simétrico,

un mándala tridimensional que posiblemente también os defraudará.

 

 

 

 

 

 

Tener ciertos atributos no te da prioridad en absoluto, mira tú a Jhon Holmes…

 

 

 

 

 

 

Soy un tipo afortunado, padre, general y amante. A pesar de estar en la cuerda floja que nos tienden estos forambulistas del circo del sol sin escrúpulos.

Hay muchas acrobacias en el espectáculo, los domadores drogan a los leones que somos y meten las cabezas de sus pollas en nuestras bocas.

Los payasos son muy tristes, no tienen gracia y más que risa producen lástima. La mujer barbuda y el cervatillo valiente, se han fundido en un solo monstruo, el más repugnante de todos,

el que vive solo por y para la banca que rige al resto de circos en la vieja europa, una zorra que trabaja a destajo para la feria de fenómenos del continente más podrido de este planeta que nos pensamos tan nuestro.

A este Gaby, sin Fofó ni Fofito, sin Miliki ni Milikito, poco les importa cómo estan ustedes. La entrada al burdel es obligatoria, y con toda la libertad te harán sentir culpable de que ya no puedan vivir por encima de sus posibilidades. Aquí, las putas que somos, tenemos que pagar rigurosamente nuestra parte a los chulos, si no cumplimos nos rajarán la cara.

Así de jodidos andamos, por el culo y sin condón. Se nos corren dentro, nos pasan el sida y encima tenemos que pedirles perdón. ¿Cuánta más mierda puede aguantar un ser humano? conozco a algunos a los que les va la marcha… yo también prefiero que me pisen los testículos con tacones de aguja o que me aprieten los pezones con pinzas de la ropa antes de seguir soportando a los forambulistas doblados de este circo del sol.

Doble salto mortal sin red.

 

 

 

 

 

 

 

Sin ego de por medio resultamos mejores personas. Cuando el monólogo no trasciende comienza la conversación.

 

 

 

 

 

 

 

recuerdo al montón de momentos que me adornan y embelesan,

soy la enfermedad y el remiendo de mis propios males;

tengo unas bonitas manos que pueden tocar el piano,

y unos hermosos pies para pisar cuanto ves.

llevo lo mejor de cada casa,

y lo peor también.

soy pirámide,

valor

y

ley.

desde abajo

hacia lo más alto,

desde arriba hacia la barriga,

el mareo dura los escasos instantes de

un susto bien dado, del miedo acolchandose sobre

bases y alturas adornadas por una gran alfombra de terciopelo,

llenita de cardenales que lucen hermosos pero que no llegan a rozar cielo.

 

 

 

 

 

 

Ansia y fuego en las palabras, pero las palabras no bastan.

Todo el mundo se marchó a ver el eclipse de sol,

los planetas se alinean, el mundo gira al revés,

cierran las cortinas para que no podamos ver.

Idiotas… tragando cucharada tras cucharada,

barnizados con excremento, idiotas…

saben lo que necesitamos, un chip dentro de la carne,

un ojo que lo controle absolutamente todo,

colgados por las pelotas, no en una, sino en cientos de

conspiraciones… cobardes, cobayas… idiotas.

Las democracias de occidente han sido el cuarto reich

desde el final de la segunda guerra mundial,

comienza la era del quinto y último, el reich definitivo,

el plan maestro para convertirnos en cabestros.

Origami de silencio, ángeles pervertidos por el alimento

¿qué ha pasado? ¿qué nos está ocurriendo? Idiotas…

no obtendremos perdón, no habrá piedad para los rezagados,

los últimos chamanes se venden a la publicidad,

y el noble oficio de abrir párpados, se empieza a resquebrajar.

Tan solo pequeñas aldeas en la mente, pobladas por

irreductibles pensamientos nos podrán salvar.

Pero ¿alguien quiere salvarse?… idiotas.

 

 

 

 

 

 

 

chapurreando sobre el metal,

sin sociedades de carne y hierro en kilómetros a la redonda;

los ciber-punks tampoco acertaron.

Quedan parajes rajados sobre los que

construir autopistas.

Rezando para que el trocito de barro

que nos sostiene, no se agriete y nos

mande a todos al carajo.

Ciber-hormigón, hombres ladrillo y alicatados,

nos gusta vivir el momento y que luego

sufra el que se tenga que beber los restos.

Los nazis eran más sinceros que nosotros,

Leni Riefensthail rodando el documental para

el national geographic que nos viste y calza;

¡Cuánto hemos aprendido de ellos y

cuánto hemos avanzado desde entonces!

Y rajábamos de la hermana de Nietzsche…

Adolfo Hitler es el blanco sobre el que se

canaliza nuestra ira,

en vez de reconocerlo como padre y mentor de las democracias

civilizadas de occidente,

lo utilizamos como chivo expiatorio sobre el que volcar

toda nuestra supuesta frustración, camuflada de supervivencia;

puestos a elegir… ¡camarero, que me traigan la cuenta!

 

 

 

 

 

 

 

EL HARAPO

 

-¿cúal es el vestuario que lleváis para sobrevivir?

-el harapo, milord, el harapo.

-bien, eso está bien…

nos alimentamos chupando el gotelé de las paredes,

en la capital ahora está de moda;

las revistas del corazón no hablan de otra cosa…

dandys y proxenetas de lujo lo restriegan por las venas de sus brazos.

Es el harapo, Milord, el harapo y su condición sin pretensiones.

El harapo iguala, como cagar o morir,

la condición social de esta locura que roza el cielo

escarba las entrañas al compás del aplauso.

El agua del porvenir del harapo ¿qué hacer frente a ella?

La gramola finge seguir sus movimientos…

-¿cúal es la gracia y la pena de las almas que se mueven y no esperan?

-el harapo, Milord, siempre el harapo.

-bien, eso está bien…

 

 

 

 

 

 

 

 

hay una nana en diciembre que no me dejará despertar,

el ocaso es medio tiempo, el acaso medio tiempo más.

 

 

 

 

 

 

 

Las madrugadas contenidas con el aliento frío de la

primera luz. El perfume de las adolescentes camino del

instituto luce flamante en sus ropas a estrenar.

Durante el trayecto charlarán sobre sus últimas aventuras y

más de una mojará las bragas.

En la sierra, el ruído es otro;

entre olivos, suenan las vibradoras que los varean,

zumbando como mosquitos rabiosos,

dándoles la paliza de sus vidas a todos esos viejos troncos,

humilladas sus ramas.

Hombres cuyas pieles curtidas al sol empapan las camisetas.

Esperan la hora del bocadillo, la ansiada hora de comer.

Ignoran lo sagrado de sus actos, en paz con la tierra que los alimenta,

se quejan porque quejarse es un vicio adquirido del que nunca podrán librarse.

Los chicos estudian o gandulean, los hombres trabajan o están parados,

se quejan o dan las gracias,

el mundo gira con más rapidez de la que cabría esperarse y yo voy

escupiendo mi flema tóxica camino de una cima congelada que lentamente

se me empieza a mostrar.

 

 

 

 

 

Yo ya sé como te decepciono;

algún día escribiré una lista de cómo

me gustaría que me decepcionaras tú a mí…

 

 

 

 

 

 

 

su sonrisa era un extraño candelabro,

los días se acababan en sus ojos verdes,

menuda en una tormenta de lágrimas.

Pequeños besos en sus labios sin lengua,

si la tocabas se rompía,

yo lo hice, y todavía encuentro trozos suyos

dentro de mis zapatillas.

 

 

 

 

 

 

 

cuando la poesía es algo a odiar, se convierte en el aliado perfecto.

El espíritú del nacimiento de toda tragedia.

 

 

 

 

 

 

 

el trocito de aquí, el pedacito de allá,

y los ves a todos allí, sonriendo o llorando.

Intentando hacerse los importantes,

llamando a la intención para que alguien o algo

repare en su movimiento y los pueda tener en cuenta.

La atención que les queda es la que tu recuerdo les presta.

Ellos no saben que existen.

Todos se fueron hace tiempo hacia futuros imposibles…

son en ciertas canciones, están sin ser invocados,

trocitos de alquimia que van cambiando de color,

me encuentro tan solo que sólo siento.

 

 

 

 

Me voy a andar, a correr, tal vez volar…

 

 

 

 

ciertos viajes mejor hacerlos solos.

Ciertas puñaladas mejor recibirlas en soledad.

Jinete dopado, calavera del desierto,

donde los cactus crezcan sin prisas por el ansia de

los hombres de occidente.

Dos mil años sin espíritu y de repente

se vuelven todos locos y quieren obtener su personal nirvana ahora.

No es una súplica, es una orden…

Cinco siglos de materialismo y lo pretenden compensar

con dos caladas a la pipa del opio del oprobio…

en los ochenta hacían footing, en los noventa budismo,

en poco más de dos décadas intentan convencer,

salvar el culo y llevárselo todo por delante frente a la necesidad

imperiosa de creer en algo más que en ellos mismos…

 

 

 

 

 

 

Valencia es solo el principio

Por encima de lo divino y de lo humano,
desde allí se oye el dulce crujir de las naranjas.
Es extraño sin música, sin ruido, casi monacal.
Allí donde la contaminación acústica no llega a alcanzar;
escribiendo versos de trapo contra los que quieren el bienestar.
¿Quién nos protege de la policía?
Saturno nos devora, crudos, sin cocinar, con huesos, con hiel,
con pelo y sin lavar. Ni siquiera nos mascan, nos tragan y nos cagan,
delicatessen en bruto, sacrificados al dios de los votos;
nos mandan sus perros rabiosos empapados en cocaína y speed;
ningún niño de mayor quiere ser ya policía,
después de la mascletá de ostias acaecidas en Valencia,
los niños de mayores sueñan que son terroristas.
Quieren poner petardos y quemar ninots.
Será una hermosa manera de entrar en calor;
apología, antropología, o etimología, llamadlo como queráis,
pero que ardan todos los muñecos, ¡qué ARDAN! ¡qué se QUEMEN!
por los cojones de esta santa cruzada…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El santo de los asesinos

 

aún le queda tarde al silencio…

es una promesa que se hace de rogar lentamente,

en potencia, siempre a la espera del último detalle para

ver si termina de hacerse.

Desenfunda lo poquito de animal que le quedaba al santo de los asesinos;

tiene un par de dedos que se mueven como nueces partidas al apretar el gatillo…

no quedan muertos que le recuerden su falta de arrepentimiento,

relámpago en flor, pasión homicida que todo se lo lleva por delante.

Pagarán justos y pagarán pecadores,

hasta tu dios caerá del cielo arrasado por la pólvora y la ira de sus pistolas.

 

 

 

 

 

 

 

CABAÑAS EN EL FONDO DE LA TIERRA.

 

Había un canalillo en los olivos donde construíamos las cabañas,

nuestros escondites, sitios que utilizaban luego los albañiles para ir a cagar.

Allí andábamos todos los días limpiando su mierda,

adecentando el lugar para que se pudiese respirar.

El techo estaba cubierto con cartones, ramas de olivo y plásticos,

cuando llovía estaba bien protegido.

Había que entrar agazapados, en cuclillas, pero era un buen santuario.

Cuando salíamos del colegio íbamos allí a jugar.

Escondía mis cómics porno y todo aquello con lo que los mayores no podían soñar,

a unos metros del barrio, en el bendito olivar de todas las infancias.

Cuando iba sin nadie era lo mejor, era un secreto que compartía en soledad,

conmigo mismo, aquel maravilloso silencio…

entonces era solo mi cabaña, mejor que mi cuarto, mejor que vivir en una casa;

y a excepción de los albañiles cagones, ningún mayor sabía de su existencia.

Aquel fuerte escavado en la tierra por no sabíamos que máquina,

era mi lugar secreto, los vagabundos soñaban con poder dormir en un

hogar tan confortable.

Cuando cumplí los 14 se me olvidó todo aquello y hemme aquí con 36,

haciéndole un honorable homenaje a troix.

 

 

 

 

 

 

 

le voyant

 

1

 

con la música hacia otra parte;

soñando que miro que crece la hierba, los colores van sonando en mis ojos.

Hay un nuevo paisaje en mis oídos, olores que captan mis manos hasta confundirse por

lugares de mi cerebro que aún están por estrenar… y esto solo será el principio.

Adiós, decid adiós a las antiguas percepciones,

sentir más allá de la garganta degollada del dios que alguna vez fuísteis y

cuya posición intentáis recuperar.

con la música hacia otra parte mientras se van atando los cabos.

Sobrio mejor que sereno, lúcido antes que embriagado,

una cosa no quitará la otra, mis mil girasoles rotos esperando su respuesta loca.

Intuyo y discierno, asfixiado en el vuelo de polillas mensajeras;

ya no es mejor dejarse hacer, sino ser consecuente.

Al principio de la razón, cuando todavía había magia y los límites podían ser reales

porque aún no estaban bien delimitados,

el vidente creó al caos en un momento único de inspiración y

de soberbia que se le fue de las manos hasta alejarse de todo su ser.

Y este se dió la forma que quiso;

todos los miedos y frustraciones del vidente fueron su alimento;

el caos tomó conciencia propia y convirtió al vidente en su esclavo.

Sobre posibles futuros, en el caos no habrá error que valga.

En el caos se disuelve la materia y el espíritú hasta hacerlos imposibles.

 

 

 

 

 

 

2

 

Mis oídos ahora no esuchan, ni siquiera se lo plantean,

mi piel no siente, los ojos no ven y todo lo demás se percibe entre tiniebla.

Se trata de un ejercicio sanador de recuperación.

El concepto de sueño o pesadilla no tiene sentido,

solo plastilina que nos entretiene frente a lo infinito.

no hay ganadores en la carrera, es tan solo una comunión perfecta

de energía que no puede parar de engrosarse,

que necesita de todos para seguir siendo lo que quiera que sea.

Nadie le ha plantado cara hasta ahora, ya veremos que sucede…

es este un desafío contra esta supuesta armonía entre conceptos opuestos

 que se alimenta de cosas que para mí ya están caducandas.

Inventar un lenguaje nuevo, recuperar el lenguaje perdido para no quererla ni olvidarla,

sino pasar por encima de ella.

El nuevo margen, este tipo de frontera desconocida hasta hoy,

es algo tan ridículo que no precisa ser alcanzado;

ignorarlo o faltarle al respeto puede hacerle más daño que toda la

maraña de luz y de tinieblas que confunden a mi cerebro para alcanzar su fin.

Puede ser el principio o el termino medio de esta rosa esclavitud.

Ese monstruo de energía que tan bien nos quiere conducir hacia su bienestar,

lleva eones riéndose de todo,

su broma ya no tiene gracia y es aquí donde comienza mi chiste,

desafiando sus tejemanejes, poniéndome por encima de su carcajada,

pienso que se trata de reír los últimos.

Aquello que simulaba ser inimaginable ya ha sido pensado;

tendemos hacia una dirección erronea, poner de acuerdo a todos

para que sigamos siendo un ejército de borregos que aspiren hacia una única meta…

no se trata de caminar hacia dios o hacia el diablo, son el mismo ente perturbado,

se trata de ignorarlos para que nosotros podamos existir.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y dios salvó a la reina…

 

llegaron, vieron y vencieron, con sus recetas y su podrido dinero,

a dos palmos de todas las narices, repartiendo una corrupción a la que

nadie puso trabas y dios salvó a la reina…

llegaron, vieron y vencieron, seguros de que sus democracias serían el

disfraz perfecto, de que a amansar corderitos no habría ente que los superase y

tenían razón y dios salvó a la reina…

llegaron, vieron y vencieron, los perros cambiaron su collar y las ovejas negras

se dejaron comprar por las migajas que les lanzaron los lobos, resultando ser más

mentirosos aquellos que se dejaron engañar y dios salvó a la reina…

llegaron, vieron y vencieron, se lo dimos todo sin recibir nada a cambio,

lo triste es que aún se lucha por mantener la misma situación, queremos seguir

siendo felices bajo la bota del opresor, recuperar aquel trocito de nada en el

que teníamos toda su inútil materia para consumir a granel,

porque dios había salvado a la reina.

 

 

 

 

 

 

 

 

a regañadientes, con todo lo que se pierde,

la subida y el bajón,

tengo dulces las entradas desde los 16 años,

el rabazo de cierto un ojo, miró de arriba a abajo las partes del enunciado,

mascullando la premisa, pensó que sería ratón, pero

el mono del predicado (con su síndrome de abstinencia)

partió por la mitad la pana de su razón.

Sin significado, con significante, minúscula cosa grande que

atropeya las conversaciones futíles. Más pero que sin embargo,

fruta expropiada del agua que la hacía lucir fuerte,

pastilla de goma con olor a culo y a desolación,

fumador de servertesios, mapa-mundi de bilbao,

con el corazón de un hueso y el alma de una tortilla francesa,

acabado y queriendo volver a empezar,

en el dibujo automático de Moebius, al principio del final.

El mono del sujeto (con toda su simiesca ansiedad)

divide de antemano lo complicado de lo simple en esta broma terrorista;

pupila celeste de Luis Buñuel

rajada por una nube con hocico de cerdo.

El Gólgota de Lorca y el Monte Calvario de Dalí,

un avión de alas huecas en blanco y negro que salve a mis tres mosqueteros…

 

 

 

 

 

 

 

 

tirante, mi cuerpo colgado del mástil de la pontona.

Tuve que ser un índigo de cojones, pero eso ya no importa.

He conocido a los mamones de mi tiempo cara a cara,

nada impresionable, el que se cose etiquetas se ahorca con su propio hilo.

Creo que he denunciado más cosas que el resto,

creo que he creado más cosas que el resto, pero eso tampoco es importante;

yo no tengo compromiso con nadie salvo conmigo mismo,

yo no le debo nada a nadie salvo a mi propia voluntad de querer.

Puedo porque así soy, y si no me va mejor es porque me gusta

hacerme de rogar saboreando el momento que bailo.

 

 

 

 

 

 

 

es todo un desafío leerte a los veinte años.

Lo magnífico del recuerdo (congelado) y lo teatrero de la situación (pasada)

solo era un niño con las alas muy delgadas,

un zagal ansioso de seguir siendo el guaje que a todos se regalaba.

La anorexia del tiempo, tiende a querernos gordos cuando casi no existimos.

La nostalgia es una zorrita coqueta que se inventa en mi mente.

Lo acaecido hace un rato, cinco, diez, veinte o treinta años,

se sucede en este preciso instante que es ahora.

No se puede mirar atrás porque atrás es ya; no hay zorrita que valga;

empeñados en ser los proxenetas del tiempo, en revivir y conmemorar espacios,

todo lo que imaginas pasado está sucediendo ya,

hoy es un futuro inteligente, mañana es la respiración que acabas de exhalar,

ayer sigue siendo ¡y todavía no ha ocurrido!

¿no es magnifico ser y estar para siempre?

 

 

 

 

 

 

 

los pájaros del atardecer rugen su canto entre amapolas tardías

que ya no quiere el verano.

Todo parece indicar que se acaban, ya no habrá más alpiste ni

más noches de reyes magos.

Llevan la pena azul que no les deja volar;

la pena azul se mira en el reflejo de unas gafas oscuras,

la pena azul pinta rosa pero trabaja en lo más hondo de la mina de carbón.

La pena azul se desquita poniéndose encima y pesa y canta y llora…

a la pena azul no se la dora, se la mezcla, no quiere tener cuentas con nadie,

los pájaros del atardecer caen al suelo uno tras otro y se quedan allí,

ni los carroñeros se acercan, forman una alfombra de plumas

muertas mecidas por un viento que se quiere olvidar.

Amanecen pajaritos, fríos y tiesos, con los picos a medio abrir.

Los ojos apagados de la pena azul los han cazado para siempre.

 

 

 

 

 

 

 

 

aún tienes todo un trayecto por recorrer, con sus cruces de caminos, con sus paradas de postas, encrucijadas donde encontrarte todas las ballenas varadas, todo el pescado vendido, todo el pescado por vender, o ser amigo de los peces y no tener que negociar sus escamas…

el comercio es decisión y desplante, ser el puto amo o ser el más cobarde…

cuidadito con la confusión, la pereza nos conduce al primer significante que nos planten.

Hay miles de vueltas de rosca en cada percepción, lo que hoy suena bonito, mañana será un marrón;

no te quedes con la primera de cambio, asimila todas las posibilidades a desarrollar,

y tampoco elijas sabiamente, pero si disfruta del momento hasta quedar exprimida su suerte.

 

 

 

 

 

 

 

las tejas se mojan, crían su líquen y lo llevan todo lo estoicamente

que el parásito les permite.

La ruina permanece erguida como si la erosión no fuese con ella,

aún habiendo conocido tiempos mejores, la ruina se sobrepone.

Las almas flácidas y caídas en desgracia, si su espíritú es fuerte

lograrán reponerse, pero si la burbuja es carencia, por mucha viagra que tomen,

jamás lograrán follarse a la reina.

No tenemos excusa, no queremos perdón, nos abrigamos con aire y

tampoco buscamos su solución.

 

 

 

 

 

 

 

era emocionante abrir una carta y leerla; tardabas un día en escribirla y

esperabas tres para que llegara; y las noticias, fueran frescas o rancias o

sencillamente estupideces, producían el extraño milagro de la comunicación.

Hoy la magia parece haber desaparecido, por eso, cuando quiero

amar o follar o sencillamente expresarme,

lo hago mediante señales de humo.

 

 

 

 

 

mi melodía es trapera y nace en el fango del río.

Igual que mis antepasados va en busca del oro del Perú,

agarrando fantasmas con las manos, disfrazada de quimera,

tiene un enorme poder de aniquilación que usa en su propia contra.

Se tira piedras en su tejado y no cree en el tiempo,

solamente en su ausencia, en la falta de espacio para cometer más delitos;

mi melodía es astuta y una cobarde de mierda,

carece de imaginación pero fluye como la avalancha, que en sus

idas y venidas se lleva por delante a toda la porquería…

su tragedia es mi celebración, curtida al sol como los hombres auténticos;

su verdad es mi mentira, pero ¿cómo olvidarla en una queja,

si es ella la que siempre me guía y aconseja?

 

 

 

 

 

 

¡tres, cuatro, cinco ojos abriéndose sin más!

Mi pequeño es listo y guarda lo mejor para el final.

¡seis, siete! ¡ocho sentidos lo crujen y los que le quedan por palpar!

Los colores del principio brillan distintos, con más intensidad;

aún recuerdo algunos. Son resquicios de pureza que

hacemos bien en conservar;

antes de darte de bruces contra este querido lugar,

ten a bien no echarle cuentas ni convertirte en rencoroso,

los errores de los viejos, no tienen por que ser algo hermoso,

ni feo, ni desagradable, no tienen siquiera por que ser;

mantén ese espíritu abierto y luego

juez y parte; ¡nueve, diez, once! empieza de cero y reponte.

 

 

 

 

 

 

 

aspiro a algo más que a cocaína.

No tengo grandes planes, sobrevivir ya me parece emocionante.

Los recursos vienen solos, improvisados sobre la marcha.

Cuando realmente controlo huelo la paz, pero ocurre en diminutas ocasiones,

y ahora no las puedo compartir con vosotros.

Soy la mujer barbuda, la condesa descalza, Amelí en una película porno….

tengo el talento que me quiera imaginar.

Señor trapecio, insecto alrededor de la luz que le dará muerte.

Días extraños al alcance de mi mano, escondidos en pequeñas fundas de violín.

Los traumas que marcan y nos visten de colores controlados por el croma,

aparentan estar sanos y frescos como el pescado congelado,

pero los gusanos esperan tranquilos en las tripas la más mínima oportunidad.

 

 

 

 

 

 

cuando ocurre el milagro de follar en una disparatada diana de remordimiento…

hemos golpeado y hemos huído, pero siempre dejando la cara como presente.

No creemos en la democracia ni en sus sicarios burocráticos,

la sangre azul de las monarquías es un adorno que debería fluir libremente

calle abajo;

como dioses infinitos que nos pensamos, no necesitamos leyes que nos representen,

nuestra soberanía es personal, nuestra representación única y nadie ni nada podrá hacer nada

al respecto.

 

 

 

 

 

el hombre que nunca pisó la luna.

La balada de los tontos del culo.

Imaginando universos paralelos

para suplir las carencias que tenemos.

La sugestión como autocontrol,

la decepción que nos cubre haciendo de mí

un hombre enamorado de su siguiente pecado.

Ah, la ventaja y el descubrimiento,

haciendo de los hombres listos perros amarillentos

que chorrean su pena ojo abajo hasta confundirse en

un suelo de vainilla.

 

 

 

 

 

 

 

me he sorprendido sin darme cuenta en este paisaje de mala yerba,

acordándome de caras a las que nunca podré poner nombre,

de gestos y de miradas que nunca más serán;

y me he dicho: “bueno, si alguna vez ocurrieron sería por algo”

y he pensado: “¿o no?”, luego, llegado este momento,

sigo viendo en mi memoria un vendabal de recuerdos que sacan número y piden

turno para ser contados… es imposible, no puedo atenderos a todos,

ni yendo por urgencias podría hacerlo, tendría que vivir cien veces más mi vida

para hacer de sus quimeras una media realidad;

de modo que los voy olvidando; aparcados en las paredes más rugosas

de mi cerebro, conservados en formol, dando más importancia a lo

asqueroso de mi presente, que al dulce caramelo de la mierda que

imagino fue mi pasado.

 

 

 

 

el tiempo se ha colgado de una nube,

me miran con dolor recién casados,

no gasta gasolina, baja y sube,

y todo mi equipaje va en mi mano.

Grito a mis amigos que me marcho de paseo,

no pienso dar la vuelta al mundo,

sin rezagarme ni un segundo,

vomitaré si me mareo…

me cuelgo del cielo y miro para abajo,

da risa la foto, me parto todo el carajo,

deprisa, despacio, reviento al gran espacio,

reviento al gran espacio que me cubra hasta volver.

 

 

 

 

 

 

 

ya no me canso, ya no me canso, tú que eres más joven:

¡cánsate tú!

Tener más de 30 años y no ser todo un señor gilipollas

me parece un logro admirable.

Intentar instruir y dar consejos a la vejez, me resulta una

soberana gilipollez.

Podríamos llegar a ser más tontos que ¡OJÚ!

¡OJÚ qué tontos somos!

Alguien te dirá que pasó por allí y que entonces todo era

más y mejor (ocurre así desde el principio)

tú sonreirás y cuando te llegue la edad, serás otro

estúpido más relatando la misma anécdota mierdosa.

Esto tiene un nombre y no se llama madurez, se llama:

tío-listo-te-voy-a-correr-a-palos-si-me-sigues-tocando-los-cojones-

cabrón-de-mierda-

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

si, si, no seamos impacientes, demosle una oportunidad a todos los chiquillos que acaban de nacer…

tantos niños recién llegados en un mundo que se muere ¿serán un nuevo renacer?

Si, si, no seamos impacientes, algo tendrán que decir, alguna cuenta tendrán que ajustar,

no me parecería anormal ni caprichoso si quisieran acabar con todo lo viejo y perecedero,

no sería nada extraño; a mi por lo menos no me van a pillar de sorpresa;

algunos debrían correr a confesarse, pero a mi me viene de lejos, no me cogerán con el culo al aire.

Si, si, no seamos impacientes, dejemos que los chiquillos que acaban de nacer nos entierren para siempre, dejemos que se organicen a ver si son más cabales, coherentes e impacientes y

hacen de una vez por todas lo que sus antecesores no tuvieron cojones de hacerse. Un puto favor.